lunes, 13 de septiembre de 2010

Fátima camino al filo, 7 a. m.


Mucho sueño para atarme los cordones acá en el Rancho. Para ir al filo de la sierra hay que salir temprano. Acá estoy, firme, para que se me pase el stress, para que vuelva la calma de “Fátima controlada, que hace bien las cosas, que nunca nos defrauda”, para mi descanso tuve que enfrentar los ojitos fríos del hijo de Don Yiro y pedirle un adelanto de vacaciones en el vivero, y tuve que hablar en la facu para postergar mi parcial y con los chicos para que me banquen la entrega de fin de cuatrimestre. Para tener la tranquilidad, primero tengo que ganármela, enfrentarme a pedir, que es lo que más me cuesta, porque nadie lo hace por mí, ni pensarlo, yo soy la adulta, siempre fui adulta y en casa todos son chicos, más ahora, adulta, iniciada, en la muerte, en el amor, igual, igualita a la amante del Amante de la china del Norte, una nena y su amante adulto.
El adulto, Xavi, ¿El maestro? ¿Ese dolor había que atravesar para aprender? ¿Y a mí qué me importa aprender las cosas del amor? En realidad no necesito que los varones después de estar conmigo queden prendados y no dejen de llamarme, seguramente porque sé garchar y me gusta, no necesito ser deseada, necesito refugio, necesito un nido, un amparo.
Estuvo astuta mamá: -“Un llamado a Estela y tenemos el Rancho de San Javier en Traslasierra por una semana. Te vas tranquila unos días, eso te va a sacar todo este infierno de encima, yo no puedo ir, no puedo dejar a Pirucho sólo, vos sabés… pero te buscás alguien que te acompañe. Y si no, tenés a los caseros y a la gente conocida de allá, que son tan amorosos.”
No se equivoca, me conoce y sabe que este lugar es bueno para mí. Conoce mi naturaleza, sabe que estar afuera, al aire libre, me hace bien, me revive, sabe que la naturaleza se encarga sola de mi.
Acá en la sierra no existe la historia pasada, ni la muerte, ni la pena de amor, acá sólo está el olor fuerte a hierbas, que se vislumbra cuando voy llegando por el camino angosto y sinuoso de piedras rodeado de espinillos.
Es acá donde la sierra se recorta como encajada en el cielo, como fuera de escala en un paisaje tan modesto, porque no están los bosques largos ni el agua majestuosa del sur, acá la sierra se te viene encima, estamos en traslasierra, en el reino de los pájaros, de los yuyos, las piedras, las pircas y el romero, de la cabra y el matuasto; acá se puede respirar porque la gente respira, come, camina, trabaja, pero hace eso, sin más, cada cosa tiene su nombre y su lugar.
Y cuando llego, me pongo alpargatas de yute que compro en el pueblo, y no me las saco, pisando por piedras, calles y capillas, casas de té alemanas y casino de Merlo San Luis, a veces se mojan en los arroyitos y se hinchan y me aprietan los pies, y se ponen bigotudas, pero se vuelven a acomodar, así es la vida acá: poco, austero, cándido. Me dejo las alpargatas hasta que piso la provincia de Buenos Aires, es un ritual, sacarme las alpargatas es haber vuelto, es la campanada de las doce, cuando se acaba el encanto.
Pero hay un día, sólo un día en que no se usan las alpargatas en la sierra, y es cuando se sube al filo, como hoy: la subida dura todo el día, y los que no somos de acá no nos bancamos esa travesía sin unas zapatillas y un par de medias, agua, algún sándwich y chocolate, eso es una tradición oral de los turistas, y nadie la deja de lado, hacerlo sería una falta de respeto para el habitante de San Javier, que sí puede hacerlo con el calzado habitual, porque es serrano.

Elena, a la noche:

-Encontraste mesa, amor
-Sí pero ya me estaba levantando, la chica viene a cada rato para ver si pido y hay gente esperando afuera ¿Qué compraron? ¿a ver? Una muñequita con ropa típica, ¡qué hermosa!
- ¡Y esta bola de cristal!
-Mirá ma, y un monedero, palitos para comer…
-Mirá y un dragón, ma!
-¡Pero es mucho esto! Pablo, la muñeca esa era carísima... ¿Le dijeron gracias a Pablo?
-Ya arreglamos con los chicos, esta noche no nos volvemos, nos quedamos a dormir en un hotel y mañana vamos a la Biblioteca Nacional, dale Elenín?
¿Y cuando se canse de cogerme y jugar a la casita qué va a pasar? ¿Qué quiere éste pibe?
-Bueno, vamos a ver, si se portan bien…
Si se portan bien los tres, incluido él, si no mete la pata con alguna pendejada que me irrite y arruinemos la noche, como tantas noches. Qué ganas de joder, Elena, ¿por qué no te quedás sola?
El chico de Tomaso, el de la misa de Cortine,s quiero estar con él, Juan Manuel, se llama Juan Manuel, Sandra me lo dijo, cómo me dice todo, Sandra el libro abierto de cómo comportarse y qué saber en Luján: “Se llama Juan Manuel, iba a la Industial, y trabaja en la Municipalidad, es arquitecto, tiene un hijo con una mina de Buenos Aires, está con alguien ahora, creo, pero viven por Carlos Keen por eso no se los ve mucho, la mina vino dos o tres veces al local, se llama Cecilia, sí es linda, es bastante linda rubiecita, flaca, él es medio bohemio me parece, porque ¿viste? ser arquitecto y estar trabajando en la muni… pero ¿te gusta ése seguro? Vos estás loca, con el bombón ese de Pablo que tenés, yo la verdad no te entiendo mucho Elena, siempre igual vos, siempre dando vueltas, dejáte de joder, ya los chicos lo conocen , se queda en tu casa casi todo el tiempo, te compra cosas…
Continuará

lunes, 6 de septiembre de 2010

Juan Manuel, lunes de septiembre


Ayer cayó lluvia, una lluvia completa, sanadora, hoy paró. La mañana mojada.
Trato de encontrar el verde, sí, el verde cargado de agua, las hojas cuelgan pesadas del otro lado de la ventana.

Con los brazos bajo la cabeza en la cama, me dilato, y sé que voy a llegar tarde. El corazón latiendo de nuevo, las palpitaciones, el acelere. ¿Por qué tenían que empezar los achaques? Presión alta, basta de sal, miedo a morirme dormido del corazón, de irme a dormir y no despertarme, ya está, llegó, después de los cuarenta un declive entero, declive de carne, de salud, de chances.
Si estuviera Marquitos conmigo por lo menos, si pudiera ser su padre, criarlo. Ahora su papá es Cacho, el que lo pasea por todo el mundo,hoy por Disney París. ¿Y el hijo que quiere Cecilia? Acá al lado, durmiendo es hermosa, inofensiva, su respiración imperceptible dibuja la silueta de un hijo ahuecado en la cama entre nosotros... pero no… no sé ¿Otra vez con el corazón abierto dando, dando, rompiéndome de amor y deber para que ellas cumplan con su mandato o instinto y pidan, reclamen, pidan, reclamen?

Salgo de la ducha. Aún estoy a tiempo para volver con Mara ¿Aún estoy a tiempo para volver con Mara? Porque, para empezar de nuevo con lo mismo, y que termine de la misma forma ”Alone again, naturally…” Y yo no quiero sufrir más, y yo no quiero estar sólo.
Nunca les alcanza a ellas (¿O nunca me alcanza a mí?)Yo la dejé a Mara suponiendo que Yo no le alcanzaba, pero si lo pienso bien, ella a mí no me alcanzaba, era yo el insatisfecho.
Insatisfecho por miedo, siempre el miedo al abandono; no termino de entender esa teoría de quedar enganchado con lo que te hizo sufrir en la infancia. El abandono. ¿O el juego es abandonar antes de que te abandonen y ganar de mano? Patético. Lo voy a hablar con Angel mañana en la sesión….


…caminando al trabajo, como los viejos que tienen que caminar por el corazón, igual, pongamos que es para ver un ratito la mañana antes de meterme en la oficina roñosa y empezar a estornudar por la alfombra y a acomodarme en la prisión de ocho horas.
El fresco con olor vegetal desde el patiecito de delante de esa casa, ése olor que no puedo describir… me mueve todo, me abre la herida deliciosa, qué poético, hoy estás hecho un puto Pet Shop Boys, o Cristian Castro… Media cuadra adelante una mina, debajo del tapadito negro me parece que hay un culo importante.
Acelero el paso, se dio vuelta, es… ¡es la mina esa! La mina del libro de Patti Smith, la de la misa en Cortines, me hago el boludo y doblo y ella sigue, ¿Dónde irá? Es parecida a ésta actriz que ahora está grande, ¿Cómo es?... sí esa yegua de la foto sentada en bolas de Helmut Newton, sí, igual, pero castaña, porque la otra es más rubiona, ¿Cómo es? Charlotte Rampling, si, cómo le gustaba a mi viejo… ¿Así que de chiquita iba a misa a Cortines? ¿Cómo sería de chica? Seguro que no llamaría la atención, tal cual, como esas nenitas con las que te pusiste en bolas, jugaste al doctor, al panadero, al carnicero, al jinete y nunca tuvieron sexo más que para explorar en algún momento y seguir siendo un par, un amigo. Pero el día menos pensado, cuando menos te lo imaginás, un minón, ahí, parada frente a vos, una bestia que te avergüenza, que te deja como un boludo boquiabierto a lo Francella mirá la nena.
Como Laura, cuando íbamos a pescar con nuestros viejos y con Mariano…la luz naranja de película Súper 8, los pantalones Oxford de los tres pisando el pasto medio seco del invierno con pintas verdes de primavera… y he aquí los escalones de la Municipalidad, que me devuelven a este cuerpo ya achacoso, que quiere volver allá… al arroyito de Aeroclub, la chica de la Misa en Cortines…
Frente a mí el reloj, piiip, la fichada de la tarjeta, Juan Manuel Costa . Legajo 5451. Registrado
Continuará

jueves, 2 de septiembre de 2010

Elena: Cuando tengo miedo de una relación



Cuando tengo miedo de una relación quiero estar en mi caparazón, en una carpa tibia, con luz como un útero y mi música protectora.
Cuando tengo miedo de que me lastimen sólo quiero estar conmigo y con los que sé que nunca se van a ir, con los que sólo se van a ir con la muerte.
Cuando tengo miedo de la desilusión quiero al amigo, quiero a Car, el que no me va a dejar nunca y cuando se vaya al otro lado del mundo, y tenga otras amigas y otros amantes va a volver con el perfume que me gusta en una bolsa de Macy´s , y vamos a ir de picnic al costado del camino con una botella de vino blanco y su pan casero y todo va a estar bien.
Cuando quiero ser yo en mí y para mí sueño con caminar, correr oculta en un pastizal y dejarme llevar por un río rápido con el cuerpo entregado y si me traga la naturaleza lo voy a celebrar.
Cuando Lo Otro me separa del que nombro con un pronombre posesivo sé que la angustia va a apretar y ya no quiero encontrar el alivio del ruido de su llave ni pensar que soy tonta, perseguida o paranoica, sólo deseo borrar todo, que su partida no hubiera sucedido, y , quizás, o con seguridad, nunca haberme enamorado de él.


Escribir esto un consuelo, y pensar en ése chico, ése chico cuarentón como yo, con cara de actor de peli de Jane Austen, que se aparece de a ratos en mi cabeza, me alivia.

-Si viniste a ayudarme a hacer la vidriera no te pongas a escribir, te voy a tirar esa libretita Mirá, si la tendencia es bien hippie folk chic, vamos a poner todo exageradamente hippie chic, que se empalaguen, ¿Quieren hippie? ¡Bueno chicas cool, vengan a MICA que de acá van a salir con bordaditos hasta fruciéndoles el culo.

-Bueno, che…

-Mirá Ele, en ninguna cabeza cabe que en el verano 2011 la gente iba a estar con trapos colgando, un poco de ingeniería para la moda, please…

-A mi me da optimismo que avancemos así, lo futurista me da idea de destrucción.

-No nena, al contrario, somos idiotas, nos repetimos y nos volvemos a repetir… trapitos colgando, escuchá, Vienna, Billy! Billy Joel… Slow down you crazy child take the phone off the hook and dissapear for a while…

-Ah, ¿Entonces los ochenta no te dan bronca?

-Los ochenta son mágicos, son futuristas.
Continuará

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Fátima: Jueves, En casa, convaleciente tirada al sol junto a la huerta de la abuela.



Y ese cansancio en todo el cuerpo desde que me desperté en el sanatorio, ¿así que esto es el stress? 23 años y con stress. ¿Qué pasó? Pasó un amor, y no un pequeño amor, un amor durísimo, que atraviesa mi juventud, cinco años, Xavi en mi y en mi cabeza por cinco años ¿para siempre? Un desmayo fuera de lugar trocó el secreto en una cuestión de estado familiar, Una situación vivida durante cinco años cambió su carátula en un día. Y ahora, su presente se transforma en pasado.
Xavi murió hace quince días, esta historia murió. Es fácil ahora, acá, tirada al sol, contemplando al ras del piso las caléndulas supernaranjas brillando y el viento atravesándolo todo. La parte de abajo de la abuela se mueve en la huerta, y el olor del asado con la carne recién puesta es una promesa, un arrullo, un mantra.”Nunca más van a pasar cosas así, estás a salvo, estás con tu familia”.
Mi familia reunida hoy porque hay una situación de estado y cuando pasa algo todos están.
La flor rosa fuerte volteada por el viento sobre el piso gris oscuro de la galería, recortada, perfecta… mamá en Europa de viaje con su novio.
Ya nos sentamos a comer bajo la galería, las nenas de mi hermano se pelean , después una me da de comer en la boca…el asado, rico, nunca tan rico como el olor a asado, la costillita seca salada, roerla, como una mujer primitiva, como una mujer medieval…
El traje de mujer medieval: quiero tirar ese traje, con ese traje puesto lo hicimos esa noche en Gesell.
Nuestra presentación en el anfiteatro del camping musical venía bien, Xavier nos dirigía, yo estaba casi relajada, él me contenía con la mirada, ahora pienso que nos contenía a todas. Kathy ese año no estaba, estaban peleados, bueno, separados, porque vivían juntos. Cantamos Stella Splenders in Monte. Apaludieron mucho. Un bis, otro.
Después, a oscuras en la cama del hotel, sola, las chicas no habían llegado. Sin alcohol, tratando de bajar la excitación de esa noche, sin esperar nada porque nunca se sabía nada con Xavi, sólo las miradas de él buscándome y encontrándome y un apriete rápido y muy fuerte en algún rincón oscuro, fugaz pero suficiente para que me durara para toda la semana, o un día, según él decidiera. Ya me dormía y él golpeó la puerta suavemente y me llamó,salimos silenciosos y rápidos,el deseo, y el olor del pinar con rocío en todos lados, el ruido del mar, y yo, cayendo sobre el piso de agujas de bosque y el cuerpo de él arriba, pero suave, acariciando, poniéndose más áspero a cada beso, el acto tradicional, como en una película clásica, “él sobre ella y ella temblando”, los ojos en el cielo, que era piedras preciosas tiradas sobre el terciopelo negro de un joyero y ella perdidamente enamorada, como decía mamá que les pasaba a las princesas en los cuentos de cada noche.

jueves, 26 de agosto de 2010

Entramos a la casa del río por el campo. Parte 2 : Elena




Nunca había visto antes al tipo que está hablando de la misa en Cortines, y no puede encontrar rastro en él de ningún niño en algún banco ni altar. No, no lo recuerda. Ella también había mirado y estudiado todo, los chicos rubios entre la gente del pueblo, entre la gente que en su mayoría trabajaba o había trabajado para las fábricas, los monaguillos, que se aburrían o se tentaban, el cura con un acento cerrado y un discurso simple y efectivo, el mejor orador que había escuchado en un ámbito católico, ese cura concreto, frío y cómico que con sus historias había contribuido con la fuerte etapa mística de sus catorce años, mmm… el tipo de la mesa de al lado también habló de sus catorce años…
Le gusta, le gusta bastante, tiene ojos verdes muy lindos porque hablan, y nariz grande y boca fina, tiene la barba un poco crecida y ese desaliño que a ella ama en los tipos, un desaliño no estudiado, un desaliño como acompañando un constante estado de ensoñación o concentrado tormento, ese estado Resteless mind, así lo define Elena, estado que la acompaña a ella también… eso es lo que hace ver a ese hombre como alguien cercano, además de la misa en Cortines.
El que está con él es el grandote que trabaja en prensa de la municipalidad, que casi todos los días está sentado acá en Tomaso en algún momento de la mañana, cuando ella pasa y mira para adentro, tomando un café con otros, con los de siempre, pero a éste pibe no lo vio nunca… ¿de dónde salió?
El chico habla apasionadamente y describe con las manos y la cara. No la miró ni una vez. Y ella sólo lo mira a él, aunque trata de disimular.

Un día distinto… por fin una sensación no sabida, no esperada; hoy le tocó a ella…

Ella, que hoy temprano se despidió de Pablo y se pasó la mañana amargada por los celos, imaginándolo allá en Buenos Aires en este veranito de agosto, con sus jóvenes hormonas renovadas ante el meneo de las tetas frescas que empiezan a ventilar las vanidosas porteñas.
¿Y ahora? Qué sorpresa. Qué sensación…

La revista caras con la mujer de Simeone y Simeone en la playa cae y la torpeza de ella es recompensada por la mirada de él, pero sus ojos van inevitablemente al libro que Elena está metiendo en la cartera para irse, Robert Mapplethorpe y Patty Smith en la tapa abrazados y hermosos, también desalineados y restless minded; los ojos verdes vuelven a ella y ella le dice, osadísima, con el corazón y la presión como tambores:

-Yo iba a esa misa en ese mismo tiempo y te miro te miro y no me acuerdo de vos…

Se desubicó, sí claro, como siempre, (callate Elena boluda), porque él la mira por unos segundos con los ojos abiertos sin decir nada.
Ella se empieza a mover rápido para irse y por suerte él racciona:

-Sentate, contame..

-Se me hizo re tarde escuchándote - está aturdida, se quiere ir, como siempre, escapar de las emociones, de los momentos que le tocan a ella, vergüenza de protagonizar los momentos, vergüenza de protagonizar…

Continuará

martes, 17 de agosto de 2010

Juan Manuel:Entramos a la casa del río por el campo


Entramos a la casa del río por el campo. La casa del río es totalmente distinta de este lado, que en realidad es el otro lado, porque el lado clave es el del río.
Es algo acastillada, con torres y tejados muy europeos, no se parece en nada a ese lado que veía cuando remaba en el Timón; una enorme ventana circular que se posaba sobre el río, que casi se metía al agua, una casa a la que se podía entrar en bote. Yo veía esa casa como una especie de hermana de la “casa de la cascada” de Wright, porque entraba en la naturaleza sin molestarla.
Yo tendía…catorce, y Frank Lloyd Wright era mi ídolo, él había sido uno de los mayores arquitectos de la historia, realmente un adelantado, un romántico, una buena persona, genial y precursora, el libro ese, Usonia, la novela sobre su vida, qué buen libro ese, mirá, creo que por esa novela soy arquitecto ¿dónde estará? ¿Lo tendrán los chicos todavía?, me parece que Marquitos me lo había pedido, otra vez sin reclamar los libros, yo.
No sabía cómo eran los que vivían adentro, porque nunca, nunca había visto a nadie en la casa ni cerca, y mirá que iba a remar casi dos veces por semana. La casa se deslizaba en la orilla como una balsa a medida que yo avanzaba con el bote. Bueno, yo me enteré de que vivían ellos en esa casa por comentarios de mis viejos, obvio. “Esa casa que dice Juanma que ve cuando va a remar también debe ser de los Heyerdall.”
Ellos eran como la familia real en ese pueblo, eso me lo había contado mi abuelo.” Una estancia enorme, pero no como la de Alejandro Roca, no como la de Unzué, una estancia como de otro país, con pavos reales, ciervos…Un parque, un verdadero parque, con los pinos que llegaban hasta abajo, y sólo pasto como una alfombra y arbustos ocupando más o menos dos hectáreas, y una capilla, si, la capilla que le regaló Don Julio a su mujer…ellos habían tenido dieciséis hijos, había una monja…la monja no vive en Argentina…"
Y seguía el abuelo con las historias de su trabajo como alambrador de la estancia. Pero yo me quedaba pensando y soñando con ese lugar de oto mundo.
Después vino la misa en Cortines, mis viejos y sus amigos católicos se empecinaban en encontrar una misa que los representara, y cuando vieron que eso era imposible, buscaron al menos una que los entretuviera, como en este caso, los domingos a las nueve de la mañana en un diminuto pueblo cercano, un cura belga que hablaba simple y contaba parábolas e historias de santos. Y hablaba corto.
Ahí vi por primera vez a los Heyerdall: Alrededor de cuatro familias que se alternaban, porque no iban siempre los mismos, a veces estaban todos, a veces pocos, pero nunca ninguno. Eran perfectamente identificables por varios motivos: los hombres eran los únicos muy altos y castaños o rubios de pelo lacio y los únicos que cantaban con voces potentes de coro de iglesia. Las mujeres eran rubias, casi todas, vestidas con sobriedad, con austeridad, y los chicos, rubios, pero no rubios como mi hermana, o mis compañeros, rubios con el pelo casi blanco, lacio y poco. Estaban todos juntos, siempre quietos y respetando la misa, nunca se daban vuelta para mirar nada. Y ahí estaba ella. Inge, ella me inquietaba, ella era el misterio, lo raro,lo otro, lo extranjero, lo lejano,una chica que compartía la comunión conmigo pero que no sabía ni sabría nunca de mi existencia, aunque alguna vez haya estado sentada al lado mío, en el mismo banco.
Inge, (sabía que se llamaba así porque a la salida la habían llamado para subir al auto) tenía ojoscomo dos líneas algo encapotadas y hundidos, tenía la cara angosta y afilada, todo en ella era angosto y afilado, estaba llena de pecas, era muy alta y flaca y con el pelo como todos sus hermanos y primos,ya casi verde,sí, verde como las sirenas de Ulises…
Continuará

lunes, 9 de agosto de 2010


Juan Manuel, Lunes:
Otra vez aplastado, ¿Por qué histeriquean con la guita? Díganme de una vez, “y si, boludo, no te pagamos más el plus que te prometimos, y…no podemos flaco, tomalo o dejalo. No, siguen forreando, haciéndonos sentir que si trabajamos bien, si no lloramos ni nos quejamos no hay guita, porque no respetamos el código argentino medio pelo hijo de puta.

“Juan, ¿Vos viniste con el auto? Hay que llevar a Los de la Televisión Checa a Jáuregui”

En el auto vamos mirando la llegada a este pueblo que fue, que no se sabe qué es. Los gringos van maravillados, tratan de encontrar familiaridad entre el león de la cancha de Flandria y el de su país, todo les resulta raro, ese arco neoclásico monumental entre la tupidísima vegetación, el monolito homenajeando a Don Julio y su mujer en un bajorrelieve hecho por el mismísimo escultor del Monumento a la Bandera… la invitación al museo de la fábrica que fue, y, en el estacionamiento, el recelo hacia nosotros de los guardias de esa misma fábrica que es ahora un parque industrial.
Olga me habla de un amor catalán que tuvo, y entona apasionada la canción que le había escrito, con una letra que quiere ser caliente y latina y sólo resulta una réplica eslovaca de una de las más tibias de Banana Pueyrredón… me mira a los ojos, yo lo único que quiero es terminar de ver el museo este de la fábrica y volver a Luján.
Mis contactos, esos contactos que me ignoran, soy el hilo invisible de contactos, de obras, de negocios, yo con mis convicciones, con mis amadas y malditas convicciones…las que me mantienen joven siempre, esas convicciones que me impiden “rascar” algo, ¿No puedo ser ni un poquito chanta?¿Ni un poquito negociador alguna vez? De operador ni hablar ¿no?
OPERDOR POLÍTICO, el heredero de la viveza criolla, qué asco, ¿será mi resentimiento de eterno laburante honesto y mal pago que me hace sentir la palabra OPERADOR POLÍTICO como una patada en el estómago? Puede ser, no sé, lo hablaré con Angel el martes.
Frenamos. A través de la ventanilla alguien me tiende la mano, me sorprendo,es el hijo del dueño de la antigua fábrica, ¡uno de los príncipes! Las chicas estás rojas de emoción, lo logramos, ¡Ahora nos está invitando a su casa! ¡La casa del río! OoooH , ahora sí esto te interesa ¿Eh Juancito?
Mirko filma, nos hace detener ante lo más ínfimo y yo sólo quiero llegar a la casa del río… Continuará





Fátima, Lunes:
En el bar suena una música que la vuelve loca, de dolor, de nostalgia, Tajabone; nunca pensó que ésta canción iba a musicalizar éste momento. Sara la mira con sus grandes ojos húmedos, mojados, con ojeras marcadísimas, con una mirada helada, helada y asesina, ya no indiferente, como cuando Fátima iba a su casa a tomar las clases de Xavi.Esta canción no merece estar en este momento.Esta vieja no se lo merece,la situación sordida horrible no merece esta música.

“Sabés que Xavier no va a despertar.”

“Y también sabés por qué vine a verte.”

“Sos la última persona con la que él estuvo. Y Kathy aún no lo sabe. No se lo decimos porque está muy mal, esto es un desastre. Nuestra familia no se va a recuperar nunca de esto, ¿te das cuenta? nadie sabe por qué le hicieron esto, nadie lo sabe.

“Sara… disculpe, él se hizo esto, usted lo sabe bien, está muy claro, usted sabe que todo indica que se suicidó”.

“Querida… yo entiendo que tenés que decir que se suicidó, porque no te conviene la situación en la que estás metida… pero el arma no está, eso te queda claro ¿no? No es un detalle menor.”

La música, el aire, el olor a café, todo se empieza a nublar, el calor sube a la cara y las orejas laten.
Elegante e irónicamente quiere decir sos sospechosa,putita, otra vez el desprecio,como siempre, el mismo que le hacía sentir Xavi casi todas las veces, marcar la diferencia, chica de barrio deslumbrada por el fantástico, hermoso, virtuoso guitarrista que tiene a todas las mujeres deslumbradas, grandes, chicas, medianas, niñas, y que asume su seducción como algo inevitable, como algo ajeno a él, como un ente que convive con él y lo libra de todo razonamiento o planteo moral.

"No me interesa lo que usted piense, pero no se haga la boluda. Xavier estaba con muchas más mujeres que conmigo, su novia lo sabe, por eso lo dejó. Ella se va a recuperar, ya está prácticamente recuperada, si no pregúntele, hace un mes que sale con el señor de la carnicería de Las Catalpas, ¡Oh, qué horror! ¿no? ¡Xavi muerto y Kathy con un Carnicero! ¿Qué será peor para su familia, Sara? ¿La muerte de su hijo o la putez de su nuera o ex nuera? A mí déjeme de joder, ya bastante daño me hizo su hijo,¡vieja hija de puta! Qué galán el nene ¿no? Usted sabía todo, por favor…

El latido de la cabeza está en el pecho muy muy rápido, se escapa, no lo puede controlar… se escapan los latidos... Un brazo la sostiene, ve más borroso ahora y todo se licúa y hay un olor a quemado dentro de su cabeza, y la voz de Don Yiro, “es mi empleada, acá estoy Señorita Fati.”
“Preso de tu ilusión, vas a bailar… a bailar bailar… Continuará