jueves, 26 de agosto de 2010

Entramos a la casa del río por el campo. Parte 2 : Elena




Nunca había visto antes al tipo que está hablando de la misa en Cortines, y no puede encontrar rastro en él de ningún niño en algún banco ni altar. No, no lo recuerda. Ella también había mirado y estudiado todo, los chicos rubios entre la gente del pueblo, entre la gente que en su mayoría trabajaba o había trabajado para las fábricas, los monaguillos, que se aburrían o se tentaban, el cura con un acento cerrado y un discurso simple y efectivo, el mejor orador que había escuchado en un ámbito católico, ese cura concreto, frío y cómico que con sus historias había contribuido con la fuerte etapa mística de sus catorce años, mmm… el tipo de la mesa de al lado también habló de sus catorce años…
Le gusta, le gusta bastante, tiene ojos verdes muy lindos porque hablan, y nariz grande y boca fina, tiene la barba un poco crecida y ese desaliño que a ella ama en los tipos, un desaliño no estudiado, un desaliño como acompañando un constante estado de ensoñación o concentrado tormento, ese estado Resteless mind, así lo define Elena, estado que la acompaña a ella también… eso es lo que hace ver a ese hombre como alguien cercano, además de la misa en Cortines.
El que está con él es el grandote que trabaja en prensa de la municipalidad, que casi todos los días está sentado acá en Tomaso en algún momento de la mañana, cuando ella pasa y mira para adentro, tomando un café con otros, con los de siempre, pero a éste pibe no lo vio nunca… ¿de dónde salió?
El chico habla apasionadamente y describe con las manos y la cara. No la miró ni una vez. Y ella sólo lo mira a él, aunque trata de disimular.

Un día distinto… por fin una sensación no sabida, no esperada; hoy le tocó a ella…

Ella, que hoy temprano se despidió de Pablo y se pasó la mañana amargada por los celos, imaginándolo allá en Buenos Aires en este veranito de agosto, con sus jóvenes hormonas renovadas ante el meneo de las tetas frescas que empiezan a ventilar las vanidosas porteñas.
¿Y ahora? Qué sorpresa. Qué sensación…

La revista caras con la mujer de Simeone y Simeone en la playa cae y la torpeza de ella es recompensada por la mirada de él, pero sus ojos van inevitablemente al libro que Elena está metiendo en la cartera para irse, Robert Mapplethorpe y Patty Smith en la tapa abrazados y hermosos, también desalineados y restless minded; los ojos verdes vuelven a ella y ella le dice, osadísima, con el corazón y la presión como tambores:

-Yo iba a esa misa en ese mismo tiempo y te miro te miro y no me acuerdo de vos…

Se desubicó, sí claro, como siempre, (callate Elena boluda), porque él la mira por unos segundos con los ojos abiertos sin decir nada.
Ella se empieza a mover rápido para irse y por suerte él racciona:

-Sentate, contame..

-Se me hizo re tarde escuchándote - está aturdida, se quiere ir, como siempre, escapar de las emociones, de los momentos que le tocan a ella, vergüenza de protagonizar los momentos, vergüenza de protagonizar…

Continuará

martes, 17 de agosto de 2010

Juan Manuel:Entramos a la casa del río por el campo


Entramos a la casa del río por el campo. La casa del río es totalmente distinta de este lado, que en realidad es el otro lado, porque el lado clave es el del río.
Es algo acastillada, con torres y tejados muy europeos, no se parece en nada a ese lado que veía cuando remaba en el Timón; una enorme ventana circular que se posaba sobre el río, que casi se metía al agua, una casa a la que se podía entrar en bote. Yo veía esa casa como una especie de hermana de la “casa de la cascada” de Wright, porque entraba en la naturaleza sin molestarla.
Yo tendía…catorce, y Frank Lloyd Wright era mi ídolo, él había sido uno de los mayores arquitectos de la historia, realmente un adelantado, un romántico, una buena persona, genial y precursora, el libro ese, Usonia, la novela sobre su vida, qué buen libro ese, mirá, creo que por esa novela soy arquitecto ¿dónde estará? ¿Lo tendrán los chicos todavía?, me parece que Marquitos me lo había pedido, otra vez sin reclamar los libros, yo.
No sabía cómo eran los que vivían adentro, porque nunca, nunca había visto a nadie en la casa ni cerca, y mirá que iba a remar casi dos veces por semana. La casa se deslizaba en la orilla como una balsa a medida que yo avanzaba con el bote. Bueno, yo me enteré de que vivían ellos en esa casa por comentarios de mis viejos, obvio. “Esa casa que dice Juanma que ve cuando va a remar también debe ser de los Heyerdall.”
Ellos eran como la familia real en ese pueblo, eso me lo había contado mi abuelo.” Una estancia enorme, pero no como la de Alejandro Roca, no como la de Unzué, una estancia como de otro país, con pavos reales, ciervos…Un parque, un verdadero parque, con los pinos que llegaban hasta abajo, y sólo pasto como una alfombra y arbustos ocupando más o menos dos hectáreas, y una capilla, si, la capilla que le regaló Don Julio a su mujer…ellos habían tenido dieciséis hijos, había una monja…la monja no vive en Argentina…"
Y seguía el abuelo con las historias de su trabajo como alambrador de la estancia. Pero yo me quedaba pensando y soñando con ese lugar de oto mundo.
Después vino la misa en Cortines, mis viejos y sus amigos católicos se empecinaban en encontrar una misa que los representara, y cuando vieron que eso era imposible, buscaron al menos una que los entretuviera, como en este caso, los domingos a las nueve de la mañana en un diminuto pueblo cercano, un cura belga que hablaba simple y contaba parábolas e historias de santos. Y hablaba corto.
Ahí vi por primera vez a los Heyerdall: Alrededor de cuatro familias que se alternaban, porque no iban siempre los mismos, a veces estaban todos, a veces pocos, pero nunca ninguno. Eran perfectamente identificables por varios motivos: los hombres eran los únicos muy altos y castaños o rubios de pelo lacio y los únicos que cantaban con voces potentes de coro de iglesia. Las mujeres eran rubias, casi todas, vestidas con sobriedad, con austeridad, y los chicos, rubios, pero no rubios como mi hermana, o mis compañeros, rubios con el pelo casi blanco, lacio y poco. Estaban todos juntos, siempre quietos y respetando la misa, nunca se daban vuelta para mirar nada. Y ahí estaba ella. Inge, ella me inquietaba, ella era el misterio, lo raro,lo otro, lo extranjero, lo lejano,una chica que compartía la comunión conmigo pero que no sabía ni sabría nunca de mi existencia, aunque alguna vez haya estado sentada al lado mío, en el mismo banco.
Inge, (sabía que se llamaba así porque a la salida la habían llamado para subir al auto) tenía ojoscomo dos líneas algo encapotadas y hundidos, tenía la cara angosta y afilada, todo en ella era angosto y afilado, estaba llena de pecas, era muy alta y flaca y con el pelo como todos sus hermanos y primos,ya casi verde,sí, verde como las sirenas de Ulises…
Continuará

lunes, 9 de agosto de 2010


Juan Manuel, Lunes:
Otra vez aplastado, ¿Por qué histeriquean con la guita? Díganme de una vez, “y si, boludo, no te pagamos más el plus que te prometimos, y…no podemos flaco, tomalo o dejalo. No, siguen forreando, haciéndonos sentir que si trabajamos bien, si no lloramos ni nos quejamos no hay guita, porque no respetamos el código argentino medio pelo hijo de puta.

“Juan, ¿Vos viniste con el auto? Hay que llevar a Los de la Televisión Checa a Jáuregui”

En el auto vamos mirando la llegada a este pueblo que fue, que no se sabe qué es. Los gringos van maravillados, tratan de encontrar familiaridad entre el león de la cancha de Flandria y el de su país, todo les resulta raro, ese arco neoclásico monumental entre la tupidísima vegetación, el monolito homenajeando a Don Julio y su mujer en un bajorrelieve hecho por el mismísimo escultor del Monumento a la Bandera… la invitación al museo de la fábrica que fue, y, en el estacionamiento, el recelo hacia nosotros de los guardias de esa misma fábrica que es ahora un parque industrial.
Olga me habla de un amor catalán que tuvo, y entona apasionada la canción que le había escrito, con una letra que quiere ser caliente y latina y sólo resulta una réplica eslovaca de una de las más tibias de Banana Pueyrredón… me mira a los ojos, yo lo único que quiero es terminar de ver el museo este de la fábrica y volver a Luján.
Mis contactos, esos contactos que me ignoran, soy el hilo invisible de contactos, de obras, de negocios, yo con mis convicciones, con mis amadas y malditas convicciones…las que me mantienen joven siempre, esas convicciones que me impiden “rascar” algo, ¿No puedo ser ni un poquito chanta?¿Ni un poquito negociador alguna vez? De operador ni hablar ¿no?
OPERDOR POLÍTICO, el heredero de la viveza criolla, qué asco, ¿será mi resentimiento de eterno laburante honesto y mal pago que me hace sentir la palabra OPERADOR POLÍTICO como una patada en el estómago? Puede ser, no sé, lo hablaré con Angel el martes.
Frenamos. A través de la ventanilla alguien me tiende la mano, me sorprendo,es el hijo del dueño de la antigua fábrica, ¡uno de los príncipes! Las chicas estás rojas de emoción, lo logramos, ¡Ahora nos está invitando a su casa! ¡La casa del río! OoooH , ahora sí esto te interesa ¿Eh Juancito?
Mirko filma, nos hace detener ante lo más ínfimo y yo sólo quiero llegar a la casa del río… Continuará





Fátima, Lunes:
En el bar suena una música que la vuelve loca, de dolor, de nostalgia, Tajabone; nunca pensó que ésta canción iba a musicalizar éste momento. Sara la mira con sus grandes ojos húmedos, mojados, con ojeras marcadísimas, con una mirada helada, helada y asesina, ya no indiferente, como cuando Fátima iba a su casa a tomar las clases de Xavi.Esta canción no merece estar en este momento.Esta vieja no se lo merece,la situación sordida horrible no merece esta música.

“Sabés que Xavier no va a despertar.”

“Y también sabés por qué vine a verte.”

“Sos la última persona con la que él estuvo. Y Kathy aún no lo sabe. No se lo decimos porque está muy mal, esto es un desastre. Nuestra familia no se va a recuperar nunca de esto, ¿te das cuenta? nadie sabe por qué le hicieron esto, nadie lo sabe.

“Sara… disculpe, él se hizo esto, usted lo sabe bien, está muy claro, usted sabe que todo indica que se suicidó”.

“Querida… yo entiendo que tenés que decir que se suicidó, porque no te conviene la situación en la que estás metida… pero el arma no está, eso te queda claro ¿no? No es un detalle menor.”

La música, el aire, el olor a café, todo se empieza a nublar, el calor sube a la cara y las orejas laten.
Elegante e irónicamente quiere decir sos sospechosa,putita, otra vez el desprecio,como siempre, el mismo que le hacía sentir Xavi casi todas las veces, marcar la diferencia, chica de barrio deslumbrada por el fantástico, hermoso, virtuoso guitarrista que tiene a todas las mujeres deslumbradas, grandes, chicas, medianas, niñas, y que asume su seducción como algo inevitable, como algo ajeno a él, como un ente que convive con él y lo libra de todo razonamiento o planteo moral.

"No me interesa lo que usted piense, pero no se haga la boluda. Xavier estaba con muchas más mujeres que conmigo, su novia lo sabe, por eso lo dejó. Ella se va a recuperar, ya está prácticamente recuperada, si no pregúntele, hace un mes que sale con el señor de la carnicería de Las Catalpas, ¡Oh, qué horror! ¿no? ¡Xavi muerto y Kathy con un Carnicero! ¿Qué será peor para su familia, Sara? ¿La muerte de su hijo o la putez de su nuera o ex nuera? A mí déjeme de joder, ya bastante daño me hizo su hijo,¡vieja hija de puta! Qué galán el nene ¿no? Usted sabía todo, por favor…

El latido de la cabeza está en el pecho muy muy rápido, se escapa, no lo puede controlar… se escapan los latidos... Un brazo la sostiene, ve más borroso ahora y todo se licúa y hay un olor a quemado dentro de su cabeza, y la voz de Don Yiro, “es mi empleada, acá estoy Señorita Fati.”
“Preso de tu ilusión, vas a bailar… a bailar bailar… Continuará

Fátima, Lunes:
En el bar suena una música que la vuelve loca, de dolor, de nostalgia, Tajabone; nunca pensó que ésta canción iba a musicalizar éste momento. Sara la mira con sus grandes ojos húmedos, mojados, con ojeras marcadísimas, con una mirada helada, helada y asesina, ya no indiferente, como cuando Fátima iba a su casa a tomar las clases de Xavi.Esta canción no merece estar en este momento.Esta vieja no se lo merece,la situación sordida horrible no merece esta música.

“Sabés que Xavier no va a despertar.”

“Y también sabés por qué vine a verte.”

“Sos la última persona con la que él estuvo. Y Kathy aún no lo sabe. No se lo decimos porque está muy mal, esto es un desastre. Nuestra familia no se va a recuperar nunca de esto, ¿te das cuenta? nadie sabe por qué le hicieron esto, nadie lo sabe.

“Sara… disculpe, él se hizo esto, usted lo sabe bien, está muy claro, usted sabe que todo indica que se suicidó”.

“Querida… yo entiendo que tenés que decir que se suicidó, porque no te conviene la situación en la que estás metida… pero el arma no está, eso te queda claro ¿no? No es un detalle menor.”

La música, el aire, el olor a café, todo se empieza a nublar, el calor sube a la cara y las orejas laten.
Elegante e irónicamente quiere decir sos sospechosa,putita, otra vez el desprecio,como siempre, el mismo que le hacía sentir Xavi casi todas las veces, marcar la diferencia, chica de barrio deslumbrada por el fantástico, hermoso, virtuoso guitarrista que tiene a todas las mujeres deslumbradas, grandes, chicas, medianas, niñas, y que asume su seducción como algo inevitable, como algo ajeno a él, como un ente que convive con él y lo libra de todo razonamiento o planteo moral.

"No me interesa lo que usted piense, pero no se haga la boluda. Xavier estaba con muchas más mujeres que conmigo, su novia lo sabe, por eso lo dejó. Ella se va a recuperar, ya está prácticamente recuperada, si no pregúntele, hace un mes que sale con el señor de la carnicería de Las Catalpas, ¡Oh, qué horror! ¿no? ¡Xavi muerto y Kathy con un Carnicero! ¿Qué será peor para su familia, Sara? ¿La muerte de su hijo o la putez de su nuera o ex nuera? A mí déjeme de joder, ya bastante daño me hizo su hijo,¡vieja hija de puta! Qué galán el nene ¿no? Usted sabía todo, por favor…

El latido de la cabeza está en el pecho muy muy rápido, se escapa, no lo puede controlar… se escapan los latidos... Un brazo la sostiene, ve más borroso ahora y todo se licúa y hay un olor a quemado dentro de su cabeza, y la voz de Don Yiro, “es mi empleada, acá estoy Señorita Fati.”
“Preso de tu ilusión, vas a bailar… a bailar bailar… Continuará

martes, 3 de agosto de 2010


Fátima, Lunes: Hoy desde temprano empiezan las viejas a joder. La música pop francesa no le gusta a Don Yiro, pero es lo único que a Fátima le ayuda a hablar, entender, cobrar. Desde hace una semana necesita música del pasado, historias de otros, cosas que no le pertenecen para poder seguir. Y por qué seguir? Porque ella es fuerte, porque la vida es linda, en fin, por todo, y porque sí, porque ella es así. Su papá dice,”Fátima es Así, siempre va para adelante”. Su mamá también lo piensa pero no lo dice, la prefiere débil.
Llegó al vivero a las nueve con el típico mareo de las horas de la noche sin dormir, sonrió a Don Yiro y le dio la mano; las flores no podían estar más hermosas, eran magia en el frío que arrugaba todo esta mañana. Había traído la cámara para sacar fotos a las bulbosas antes de que llegaran las viejas del barrio, ella sabía que el lunes iban a venir en patota, pero nunca pensó que tan temprano.
No había podido ni sentarse a tomar un té con Yiro, ni comer una de las medialunas finitas que había comprado, las mujeres llegaron como si se repartiera harina en una hambruna post guerra, pero en este caso eran bulbos exóticos que sabias manos japonesas habían convertidos en flores exquisitas de invierno. Mona fue la primera en llegar, Mona hace poco que vive en esa misma calle y ha impuesto su estilo esta temporada entre las mujeres del barrio. Qué increíble, Fátima pensaba que esa manera tan sabia de imitar y combinar looks de gente original que a la vez se inspira en otra y así eternamente, era exclusivo de sus compañeros de facultad, los chicos BAFICI, como los llama su hermano, ahora sabe que es una constante ente distintos grupitos acomodados de la ciudad de Buenos Aires
Don Yiro ha conseguido este invierno maravillas que Fátima no imaginaba. Los narcisos son amarillos muy brillantes, con una trompa dentada que excita, que lleva a acercar la boca para rozarlos y notar que el perfume es extremadamente sutil, casi imperceptible.
“Hola mi querida ¿Cómo estás?” Mona, con un gorro de piel negro y el pelo mezcla rubio y canoso en una trenza, avanza hacia las jacinteras.” ¡Al fin encuentro jacintos tan amorosos como los de granny! ¡Mi niñez!... Míster Yi, please, quiero todos los jacintos blancos, y también un ramo de junquillos”.
El vacío en el estómago se olvida un momento frente al placer del ruido del ramo de junquillos, otra sensación lejana y voluptuosa; es el mismo ruido de los tallos de lágrimas de la virgen que cortaba en la casa abandonada de la esquina cuando era chiquita…
Los ojos están detenidos en el blanco nácar de las muguets que está envolviendo, el parloteo de las mujeres se convierte en un zumbido, que se interrumpe de golpe cuando levanta la vista y ve, avanzando hacia ella, a la madre de Xavi, Ahora se detiene y la agarra del brazo suavemente murmurándole al oído: ¿Tenés unos minutos para tomar un café acá al lado?
Continuará

lunes, 26 de julio de 2010

Elena, 26 de julio


Hace días que asomado al balcón he perdido el jornal charlando con un gorrión más aburrido que yo. O mirando cómo se deshoja un encinar, oliendo romero. Cómo vuelven a florecer y se vuelven a deshojar.
Hace días que no sé cuantos días hace. Hace días que me estoy diciendo... mañana y espero... y espero.
Viviendo con nada. Trabajando por nada y un día como si nada morirme de nada. Adiós. Gracias. En el fondo de un bar tomándome un perfumado para calentarme el corazón mientras llega la muerte a jugar al subastado.
Hace días que no sé cuantos días hace. Hace días que me estoy diciendo... mañana y espero... y espero... y espero...
Asomado al balcón espero.
Desnudando el horizonte espero.
Espero por Navidad y por la Magdalena de día y de noche que vuelva Helena,
que vuelva Helena...
y es que cuando pasa por mi calle incluso los geranios le guiñan el ojo.
El aire se vuelve tibio con su aliento y los adoquines miran hacia arriba, su piel morena. Cuando pasa Helena.
Cuando ella mira sabes que la fuente cuando ella quiere, le da. Cuando ella llora, sabes qué es el luto. Cuando ella calla, todo mi yo tiembla. Cuando ella quiere, el amor emprende el vuelo...
Y entre tejados se columpia el sol y los pajaritos de los cables de la luz miran celosos como se ríe y se mueve. Color de larga espera y perfume de luna llena mi Helena.
Mi Helena...
pero... Hace días que el estar de pie me hace daño, el reuma me rompe los dedos y ha huido el último gorrión.


“Elena, yo sigo atendiendo a Marcos, fijate que vino Pablo a buscarte…”
“Pero pará, Sandra, una vez que estaba convenciéndola de que venga conmigo el viernes, tengo una recepción en el Alvear y quiero ir con una mujer hermosa.”
“Bueno, ella sabés que te va a decir que no, olvidate, ¿Qué estabas viendo? ¿Un vestidito para Mónica? Vení por acá.”
Estoy fría, cuarentaiunaños, no me importa que me halaguen, que me quieran levantar, me gusta la melancolía de “Helena” en catalán, quiero que me extrañen con esa locura de muerte de la canción, que me digan
el aire se vuelve tibio con tu aliento y los adoquines miran hacia arriba, tu piel morena.
Pero nadie va a sentir por mi eso, nunca. Eso queda para las zorras. Mientras tanto Viviendo con nada. Trabajando por nada y un día como si nada morirme de nada. Adiós. Gracias. En el fondo de un bar tomándome un perfumado para calentarme el corazón mientras llega la muerte a jugar al subastado.
“No es Pablo, Sandra, sabés que está en Buenos Aires”, directo a los ojos de Marcos, “chau, me voy a almorzar.”
Salgo caminando como Marlene Dietrich, la puerta sufre el desplante, ellos también.
Italia entre Mitre y San Martín ya es casi una petit Avenida Alvear, de repente, en una semana…
El aire helado, mi cara helada y rígida, cuarentaiunaños.

domingo, 25 de julio de 2010

Elena, Domingo 25 de julio. En casa, los chicos de vacaciones con el padre, el domingo pesa pero menos, se organiza. Hace la cama, lava los platos… afuera, tempestad, un día como los de las historias que cuenta su mamá incansablemente… el rey Lear y su hija Cordelia se reencuentran en la tempestad, la Tempestad, Próspero… cuantos nombres… todos llevan a algún lugar y el mundo es infinito y la vida podría ser eterna. Pero esa tempestad, ese frío está en su patio, en su ventana que silba con el viento. 

Ahora una garúa helada. La luz es sin embargo clara en casa, y Elena puede decir que ha logrado tener un lugar confortable donde vivir, un lugar querible, bueno. Esto es en parte, gracias a Pablo, que los fines de semana llega con un pequeño mercado “Easy Soluciones para el Hogar” en el auto, y que va cambiando la fisonomía de la casa, dándole un aire de nido intelectual, cálido y hogareño… además, este viernes trajo un disco que se llama Songbook, de Goran Bregovic, y que Elena hacía mucho no escuchaba y que ahora suena en la pc. del plan Mi PC que Kirchner brindó a las mujeres recién divorciadas que necesitaban trabajar o a las que en su casa querían bajar la última receta de jabones caseros de Utilísima.

Ahora en el reproductor de Elena suena Man from Reno, y ella se empieza a volar nuevamente, hacia lo que no fue, hacia lo que podría haber sido, mientras comienza a cantar un agudo coro de mujeres serbias, en bosques oscuros, que ella nunca conoció ni conocerá, eso queda para otras… para minas inteligentes, zorras y astutas que saben poner los pies sobre la tierra, Pero dos no igual que uno mas uno ¿no? ¿Ellas sentirán como Elena la nostalgia de lo nunca vivido? ¿La nostalgia de los Cárpatos? ¿De los lobos?... Ellas van a Praga, cuelgan en el Facebook las fotos con el título PRAGA 2010 y esperan los comentarios efusivamente envidiosos de sus pares. Elena no va a Praga, siente la noche y los aullidos.

 

Juan Manuel, Domingo 25 de julio . Mejor no pienso en mañana lunes, la tele con una película francesa, con una mujer francesa que tiene una de esas cabezas con boina o gorra, con buena calavera, buenos labios, seguro que re buena cogedora, decadente y francesa. Si fuera italiana otra sería la historia en la cama… Hitchcock decía que las anglosajonas te dan un morbo que ni la mediterránea más hermosa provoca, decía que la rubia sin sabor, ejecutiva, prolija, encierra un misterio de salvajismo sexual, porque esa mujer sabe lo que quiere, controla, domina, bueno, eso lo estoy dicendo yo, lo de dominar…gatúbela, …bueno, entonces, la latina, parece que, según Hitchcock, tiene toda la mercadería expuesta, es toda teta, escote, culo labios, piernas, y por eso, sólo se aviene a que la sometas, toda esa carne para ser aleccionada, está exponiendo todas esas golosinas sólo para ser sometida y preñada, porque después del acto la mina queda preñada, no embarazada, el embarazo viene después. Si, bueno, el viejo degenerado de Hitchcock se volvería loco con las rubias y punto, le gustarían y tendría que justificarlo intelectualmente, Igual, el comentario está bueno, sí, es eso, sólo un comentario, pero Truffaut lo pone en un libro y se transforma en una sentencia…,de nuevo “todo es relativo”, las mil verdades y la ninguna, ya cansás… bueno, ya sé, canso…, sigo…por eso ponía a Ingrid Bergman, rubia… que se le fue con Rosellini, a Grace Kelly, rubia, que se le fue con el Príncipe, y bueno, el tipo era bastante desagradable, la facha cuenta… a Clint Eastwoood no se le hubieran ido tan fácil las actrices.

Vuelve y mira a Ceci, que está sentada en el sillón al lado, con los ojos ya húmedos y estremecida en la música de la película, ella sí no se da cuenta, o sí se da cuenta de lo hermosa que es, porque siempre se lo han dicho, pero la belleza de ella es más sublime, más acabada de lo que el común de la gente, (incluída ella), piensan. 
Si Cecilia hubiera estudiado teatro, ahora andaría por ahí en la alfombra roja con joyas prestadas o sería modelo, aunque tiene una cara más para cine, hasta el pequeño puente de la nariz, uno de esos puentes que sólo se permiten las divas de Hollywood.
Cecilia, es rubia, y tiene ojos celestes, sí, el cliché de linda para Argentina, pero tiene ojos de gata, chinos y chicos, entonces sí tiene ojos lindos, no por ser celestes, ¿Por qué tienen que ser celestes acá en argentina (y no verdes, por ejemplo), para cotizarse bien? Ah, claro, porque el celeste es verdaderamente anglosajón, el verde pude ser… sí, bueno, proveniente de algún país menos dominante, o fruto de mezclas medio sospechosas ¿será eso?, ¿una estirpe europea escondida de la que agarrase antes de que se extinga en manos de nosotros mismos y nos quedemos sin quien nos conquiste, seduzca, encante?

Me mira, ¿a ver? Ceci está llorando por la peli. Los ojos húmedos tienen unos tintes verdes y amarillos… gracias a Dios, Ceci, así sos más mía, más nuestra, más terrenal…
Ceci, no llores, no es nuestra historia, ¿qué nos importa la historia de estos judíos franceses  de la segunda guerra? Y bueno, ellos sufrieron, nuestro abuelos también sufrieron, vos lo sabés, si siempre me contás las historias de tu abuelo en la época de los conservadores en Suipacha, de la infancia de tu abuela…pero claro, no hay películas premiadas sobre eso, estamos muy lejos, entonces mi amor, tenemos que llorar por otros pueblos, y hacer nuestras las gestas de otros.

 

Fátima, Domingo 25 de julio: La esquina estaba mojada y la gente quería subir rápido al 57, Bob Dylan en el mp3 ayudaba a salir de la cola y pensar un rato en un lugar de sol y cañones colorados y montañas de colores y ríos como cintas verdes. Una vez en Buenos Aires, mejor, una vez en el departamento de Lola, ya sería otra historia, ya estaría a salvo, pero la travesía hasta llegar, la gente durmiendo, las luces tenues de adentro, los peajes, la lluvia de domingo, eran algo insoportable, la idea de la próxima hora le apretaba la garganta hasta impedirle tragar, con ese dolor casi gozoso previo al llanto que la atacaba cada vez más a menudo. ¿Qué pasa? Nada ¿ Nada?

Ya sentada, los dedos empezaron a apretar el botón del mp3 buscando otra música, algo que la sorprendiera, que la enamorara. Algún disco que no hubiera escuchado… a ver? O mejor leería, sí, sí ¿a ver que nueva perversión ofrece Tiberio en El Reino de los Réprobos? Uy apagaron las luces, debería haberlo previsto para no ilusionarse, bueno, busquemos un tema… ¿ Silvio? Tiene miedo de que sea demasiado triste, no no , no me conviene. Vibra el celu.

Emi, sí, cómo andás?, En una hora llego a Once. Y… vamos a tener que laburar toda la noche, ya está, ya nos tomamos el finde, y estamos en la deadline… en parte, mejor, para no colgarnos más con boludeces, vos andá yendo para lo de Lola, así empiezan. Yo digo porque entre que comemos y nos organizamos, vos te colgás con algo y nosotras nos quedamos como dos taradas esperándote, qué se yo…mirá que yo mañana laburo, a las nueve corto todo y me voy a laburar aunque no hayamos terminado, y después hasta las dos no podemos arrancar de nuevo…

Dice todo esto automáticamente, quisiera haberse puesto a contarle entrecortada por el llanto lo de esta tarde. El cana con cara de No te equivoques en lo que vas a decir, mirá que estamos en la comisaría, de acá podés no salir y ella sentadita del otro lado del escritorio, con su papá al lado, siendo dos sospechosos de asesinato, no, no, imposible y tan real, tan cercano, Xavier, que había dormido con ella la semana pasada, que le había dicho que últimamente ella lo ayudaba a vivir…qué débil y qué pelotuda se sentía, sentía la nada, la vergüenza, la humillación, el dolor, todo junto, veía la cara de Xavi cara con el respirador y ese ruido, y la cabeza con una venda como vincha, como un soldado de Vietnam de las películas. Todavía no se había muerto, pero Fátima sabía que no lo volvería a ver.

Y le dijeron que permanezca ubicable, como si pudiera escapar a algún lugar…

 

 Continuará